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“La concentración de la producción y del capital, nos enseña Lenin, sirve de fundamento
también para aumentar la concentración del capital monetario, para concentrarlo en manos de
los grandes bancos, para que aparezca y se desarrolle el capital financiero. En el curso del
desarrollo del capitalismo, junto con los monopolios, los bancos adquieren un gran desarrollo; estos
absorben el capital monetario de los monopolios y los consorcios, el de los pequeños productores y
los ahorros personales. Así los bancos, que están en manos de los capitalistas y les sirven a éstos,
se convierten en poseedores de los principales medios financieros.

El mismo proceso que se operó para la eliminación de las pequeñas empresas por las grandes, por
los cártels y los monopolios, también se produjo en la liquidación progresiva de los pequeños bancos.
De esta forma, a semejanza de las grandes empresas que crearon los monopolios, los grandes
bancos fundaron sus consorcios bancarios. En estos dos últimos decenios este fenómeno ha cobrado
enormes proporciones y hoy prosigue a ritmos muy altos. Un rasgo sobresaliente de las fusiones y
absorciones actuales es que han afectado no sólo a los pequeños bancos, sino también a los
medianos o relativamente grandes. Este fenómeno se explica por la agravación de las
contradicciones de la reproducción capitalista, por la ampliación de la lucha competitiva y por la grave
crisis en la que se encuentra el sistema financiero y monetario del mundo capitalista.

(…)

Lenin ha argumentado que el capital bancario se entrelaza con el capital industrial. Al comienzo los
bancos se interesan por la suerte de los créditos que prestan a los industriales. Sirven de mediadores
para que los industriales, que reciben estos créditos, se entiendan entre sí y no desarrollen la
competencia, porque ésta perjudicaría a los propios bancos. Este es el primer paso de los bancos en
su ligazón con el capital industrial. Con el desarrollo de la concentración de la producción y del capital
monetario, los bancos se convierten en inversionistas directos en las empresas de producción,
organizando sociedades anónimas conjuntas. De este modo, el capital bancario penetra en la
industria, en la construcción, en la agricultura, en los transportes, en la esfera de la circulación y en
todo lo demás. Por su parte, las empresas compran gran cantidad de acciones bancarias,
convirtiéndose en copartícipes. Actualmente los dirigentes de los bancos y de las empresas
monopolistas forman parte de los consejos de administración de ambos, creando así lo que Lenin
calificaba de «Unión personal». El capital financiero que surge de este proceso lleva en sí mismo
todas las formas del capital: capital industrial, capital monetario y capital mercantil. Al caracterizar
este proceso, Lenin ha dicho:

«Concentración de la producción; monopolios que se derivan de la misma; fusión o entrelazamiento
de los bancos con la industria – tal es la historia de la aparición del capital financiero y lo que dicho
concepto encierra.»*

(…)

La burguesía monopolista, incitada por su insaciable sed de ganancias, convierte en capital toda
fuente de medios monetarios provisionalmente libres, como son las cuotas depositadas por los
trabajadores para las pensiones de jubilación, los ahorros de la población, etc.

El capital financiero concentrado obtiene ingresos extraordinariamente elevados, no sólo de las
ganancias que se derivan de la absorción del dinero de los consorcios, de los pequeños industriales,
etc., etc., sino también emitiendo valores y practicando empréstitos. Al igual que ocurre con los
depósitos de los ahorros, también en estos casos se fija una pequeña tasa de interés a favor del
prestamista, pero con estas actividades el banco obtiene ganancias colosales, con las cuales
aumenta su capital, aumenta las inversiones que, naturalmente, aportan al capital financiero
continuos beneficios. El capital financiero invierte más en la industria, pero ha extendido su red
especuladora a otras riquezas, como la tierra, los ferrocarriles y otras ramas y sectores.
Los bancos tienen posibilidades reales para conceder las considerables sumas de créditos, que
requiere el alto nivel de la concentración de la producción y la dominación de los monopolios. De este
modo, a las grandes uniones monopolistas se les crean condiciones favorables para explotar más
ferozmente a las masas trabajadoras dentro y fuera del país, a fin de asegurar el máximo beneficio.

(…)

Durante los últimos años, en los países capitalistas y revisionistas ha crecido rápidamente el
comercio con el crédito que se abre a los clientes para que adquieran artículos de consumo y
especialmente mercancías duraderas. Con la concesión de este tipo de crédito, la burguesía se
asegura mercados para la venta de sus mercancías, los capitalistas se embolsan inmensas
ganancias gracias a las altas tasas de interés, los deudores se atan de pies a cabeza a los
acreedores y las firmas capitalistas.

(…)

EI aumento de la concentración y la centralización del capital bancario ha conducido a una mayor
dominación económica y política por parte de la oligarquía financiera y a la utilización de una serie de
formas y métodos a fin de aumentar el yugo económico, la pobreza y la miseria de las amplias masas
trabajadoras.

El desarrollo del capital financiero ha hecho posible que se concentrara en manos de un puñado de
poderosos capitalistas industriales y banqueros no sólo una gran riqueza, sino también un verdadero
poderío económico y político que actúa sobre toda la vida del país. Estos hombres todopoderosos
son los que están a la cabeza de los monopolios y los bancos, y constituyen lo que se denomina
oligarquía financiera. Los apologistas del capitalismo, partiendo del hecho de que actualmente las
grandes sociedades se han transformado en sociedades de accionistas, donde también algún obrero
puede disponer de unas cuantas acciones simbólicas, intentan demostrar que ahora el capital habría
perdido el carácter privado que tenía cuando Marx escribió El Capital o cuando Lenin analizó el
imperialismo; que el capital se habría vuelto popular. Se trata de una patraña. Al igual que antes, hoy los países imperialistas están dominados por los poderosos grupos industrial-financieros privados: los
Rockefeller, Morgan, Dupont, Mellon, Ford, los grupos de Chicago, Texas, California, etc., en los
Estados Unidos de América; los grupos financieros de Rothschild, Behring, Samuel, etc., en
Inglaterra; de Krupp, Siemens, Mannesmann, Thyssen, Gerling, etc., en Alemania Occidental; de Fiat,
Alfa-Romeo, Montedison, Olivetti, etc., en Italia; las doscientas familias en Francia y así
sucesivamente.

La oligarquía financiera, como poseedora del capital industrial y financiero, ha asegurado su dominio
económico y político en toda la vida del país. Ha subordinado a sus intereses también el aparato
estatal, el cual se ha transformado en un instrumento en manos de la plutocracia financiera. La
oligarquía financiera quita y pone gobiernos, dicta la política interior y exterior. Mientras en la vida
interna está ligada a las fuerzas reaccionarias, a todas las instituciones políticas, ideológicas,
docentes y culturales que defienden su poder político y económico, en la política exterior defiende y
apoya a todas las fuerzas conservadoras y reaccionarias que sostienen y abren paso a la expansión
monopolista, que luchan por conservar y consolidar el capitalismo.”

(…)

 

El imperialismo y la revolucion – Enver Hoxha


 

 

 

 

“gehiago gara””zurekin aurrezten””Banco-Social”, blablabla… – KUTXABANK QUIERE DEJAR A UNA FAMILIA EN LA CALLE

Pikutara!

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Los obispos instan a la banda terrorista a “arrepentirse y pedir perdon”


“Insistimos aquí para que nadie diga después: «Yo no sabía nada»; para que nadie diga: «Yo me limito a cumplir órdenes». Lo decimos explícitamente de cara a los jueces y fiscales, de cara a obispos y sacerdotes, de cara a alcaldes y concejales, de cara a honrados padres de familia, a todos los «sensatos» del «yo no quiero saber nada, no quiero líos, a mi que me dejen en paz». La policía española ha utilizado una vez más la tortura hasta extremos inconcebibles. La policía española utiliza habitualmente la tortura, la coacción y la mentira. Porque hay una violencia cotidiana, habitual de base. Los menos explotan a los más mediante este estado de violencia continua. Cuando los más se unen y se preparan para la lucha los opresores tienen que recurrir a otro tipo de violencia más espectacular e intermitente que garantice y defienda los privilegios, el estado de violencia contínua de unos cuantos contra la mayoría. Hay ocasiones en que esta violencia intermitente acaba por convertirse en habitual: es cuando la tortura se convierte en arma cotidiana. Es lo que está ocurriendo en nuestro pueblo.”

Aberri Eguna 1968 – Txabi Etxebarrieta

 

 

Nuevos tiempos: entre torturas y amenazas

TORTURATZAILEAK!

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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