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Izter gaineko ileak ferekatu zizkidan bere Rayban Aviator betaurrekoen adarrarekin, aurpegira egin niezaion. Orduan ikusi ahal izan nizkion begiak, mizpira heltzaka bana.

Ni ez naiz yateduna, ni titiduna naiz.

Burua makurtu nuen ostera larruazala ukitu gabe betaurrekoek nire bixarretan egiten zuten joan-etorria dastatuz.

Ez nekien.

Pazientzia apur bat daukanaren apaltasunaz egin zidan.

Baina ez nazazula jostailutzat hartu.

Andrakilak kasete bat zeukan buruan, eslogan bat zen, hitz haiek ez zeukaten haririk bere portaerarekin, ezaguna zitzaidan kontrakar hura.

Jostailua neu naiz hemen.

(…)

 

Egarri egunak portualdean – Koldo Eizagirre

 

 

 

 

 

 

 

 

La enajenación del propio cuerpo

 

La sexualidad se ha enfocado tradicionalmente hacia la reproducción de la especie y la satisfacción del placer del hombre. A la mujer se le ha negado históricamente el derecho a controlar su capacidad reproductora, prohibiendo los medios anticonceptivos y el aborto o poniéndolos al servicio de intereses ajenos a los de la propia mujer (como las campañas de esterilización forzosa impuestos por el imperialismo en algunos países del Tercer Mundo).

 (…)

Los cánones de belleza que impone esta sociedad, donde las modelos esqueléticas son el ejemplo a seguir para muchas jóvenes y el hecho de que su futuro depende de ser una mercancía sexual codiciada causan tal inseguridad que hay una epidemia de enfermedades autodestructivas entre nuestras jóvenes, tales como la anorexia.   

 Por otra parte, también se ha negado a la mujer el derecho al placer en las relaciones sexuales, ignorando la sexualidad femenina que, evidentemente, es diferente a la del hombre. Así, se ha fomentado la sexualidad vaginal (orientada a la reproducción), mientras se ocultaba la función del clítoris como órgano principal de estímulo del placer sexual de las mujeres. De ahí que la mujer haya asistido a la anulación de su propia sexualidad; unas veces físicamente, mediante la ablación del clítoris (Ver nota 7); y otras psíquicamente, mediante la negación de sus necesidades sexuales. Todo ello ha llevado a la sexualidad femenina a convertirse en un mero objeto del placer para el hombre y en un instrumento de fecundidad para perpetuar la estirpe del marido.

De este enfoque machista de la sexualidad se deriva que aquellas mujeres que no encuentran satisfacción en las relaciones sexuales de corte tradicional sean consideradas frígidas o inmaduras y se califique su conducta como “desviada”. Y, por otra parte, a que se considere impropio de  las mujeres “decentes” el satisfacer sus deseos sexuales libremente o incluso expresarse en ese sentido.

 (…)

El capitalismo ha desarrollado el papel de la mujer como objeto sexual; lo ha comercializado como reclamo publicitario y como objeto de consumo que se vende todos los días a través de la publicidad (especialmente en  TV), así como de las revistas “para hombres” o incluso en las destinadas a jóvenes y adolescentes de ambos sexos. Esta comercialización significa no solo un negocio, sino también una agresión a todas las mujeres y un potente medio de afianzar y perpetuar la ideología machista y de reforzar las estructuras patriarcales.

 (…)

 

Mujeres trabajadoras y mujeres burguesas

 

El hecho de que el conjunto de las mujeres sufra la opresión por parte de los hombres no puede llevarnos a la conclusión de que todas ellas serán igualmente consecuentes a la hora de luchar por su liberación. Aunque todas estén sometidas al dominio de los hombres, las mujeres no se sitúan al margen de las clases sociales y, por tanto, de la lucha de clases.

 Por un lado, es evidente que la opresión, la marginación y la discriminación, no afectan por igual a todas las mujeres. Por otro, hay un sector de mujeres, las que pertenecen a la clase dominante, que disfrutan de una vida de lujos y comodidades y viven a costa de la explotación de otros seres humanos (beneficiándose de un sistema socioeconómico que se apoya en el patriarcado), para las que el triunfo del socialismo significaría la pérdida de sus privilegios.

 Es por ello que estas mujeres, aunque sean conscientes de la situación de dominación a que se encuentran sometidas como tales, no podrán participar de forma consecuente en la lucha por la emancipación femenina, al no poder dar a su lucha una perspectiva revolucionaria. Sin embargo, esto no impedirá que algunas de ellas puedan participar en la lucha por algunos de los objetivos parciales que tenga el movimiento feminista.

 Pero, sin duda, serán las mujeres pertenecientes a la clase obrera y al pueblo trabajador las que lucharán consecuentemente por el socialismo, la liberación nacional y la emancipación de la mujer, ya que son ellas las únicas que están verdaderamente interesadas en acabar con el poder de la burguesía y la dominación patriarcal, y en realizar una revolución cuya última meta es la eliminación de toda forma de explotación y opresión.

 

La liberacion de la mujer y la lucha por el socialismo – Sugarra

 

 

 

 

 

 

El origen de la familia, la propiedad privada y el estado (F. Engels ) – La Familia

 

 

 

 

 

 

 

PD: dirudienez Gasteizen “egoera politiko berria”ren fruituak jasotzen ari dira, jeje… bake faltsuari gerra!

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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