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La lucha armada como forma más alta de la lucha de clases es algo que resulta del hecho de que las clases poseedoras han logrado asegurarse muy bien su influencia, decisiva, sobre las palancas del poder estatal; consiguiendo un monopolio del Estado sobre los instrumentos del poder que deciden en última instancia: policía y ejército.  Y esta constatación sirve tanto para la forma abierta como para la parlamentaria de dictadura de la burguesía. Todo el potencial de poderío social se ha convertido, en gran parte, en instrumento de dominación en manos de las clases poseedoras; en un arma para la defensa de sus privilegios, ante las aspiraciones de la inmensa mayoría de la sociedad, de los productores explotados. Nunca una clase poseedora ha renunciado voluntariamente a sus privilegios, a su propiedad de los medios productivos. Y no hay indicio alguno de que esto pudiera haber cambiado en la actualidad. Los nombres de Auschwitz, Setif, Vietnam, Indonesia, Amman evidencian el que las matanzas en masa no son, en absoluto, cosas de sistemas de dominación pertenecientes al pasado y que han sido superadas, sino que, más bien, siguen formando parte de los instrumentos manipulados por los poderosos. Los cuales identifican toda su existencia, física y social, con su posición de poder como clase explotadora, no pudiendo imaginarse tener otra clase de existencia. Luchan, con la energía de su instinto de conservación, con uñas y dientes, hasta las últimas consecuencias, por la conservación de su posición de dominación. Dondequiera que el capitalismo disponga de poder real se empleara a fondo en la prolongación de su existencia.

Carece de todo fundamento material el esperar una transición pacífica del capitalismo al socialismo en la metrópolis (…)

 ¿Quién podría frenar la marcha de las unidades del ejército por todo el país? ¿Quien podría para en un caso así los carros blindados, los helicópteros, a las columnas móviles, a los comandos de limpieza, a los paras, marines, rangers o como se llamen? ¿Acaso los grupos de defensa organizados por los obreros, surgidos de la nada, mal equipados y entrenados, los cuales, en el mejor de los casos, solo se podrán abastecer de armas ligeras mediante acciones contra comisarias o puestos marginales del ejercito? Incluso  en el caso de que algunos destacamentos del ejército regular se pasasen a los revolucionarios, su potencial se vería pronto aniquilado. (…)

He aquí la perspectiva de todos los yerros y todas las sangrientas derrotas. Pero ella no podrá apenas convencer a los trabajadores de la necesidad y sentido de su compromiso en la lucha revolucionaria. Con todo, los compañeros tendrán que tener muy claro lo siguiente: no es la espera segura de la derrota lo que entusiasma a las masas y las lleva a actos revolucionarios, sino que esto solo lo puede hacer la perspectiva de victoria. Sin este entusiasmo de las masas ninguna revolución ha tenido éxito hasta la fecha.

(…)

Seguir la línea marcada por las masas también significa, sin embargo, conocer las ideas de la población trabajadora, estudiarlas, generalizarlas críticamente y transmitirlas a las masas. Pero en este estudio hay que tener en cuenta el hecho de que la conciencia proletaria se encuentra en un estadio que refleja muy deformada, encubierta y fragmentariamente la situación objetiva de la propia clase, a consecuencia de los influjos de la ideología burguesa y bajo la impresión de las muchas derrotas sufridas. Antes de poder generalizar algo de una manera crítica es necesario eliminar las deformaciones causadas por obra de la ideología enemiga. Pues todo actuar revolucionario solamente se desarrolla a partir de un reflejo exacto de cómo es la situación de clase. (…)

La expresión autentica de la actitud positiva, en correspondencia con los intereses de clase, ante la violencia, la encontramos en los deseos que tienen para con sus <<superiores>>, como figuras simbólicas de la opresión que padecen, deseos formulados soñando despiertos o en las charlas de cantina. El hecho de que las ganas que se tienen de <<pelar>> al <<jefe>>, al <<encargado>> no se realicen en las personas que son objeto de este odio, sino más bien, en figuras sucedáneas, mucho más débiles, como pueden ser minorías raciales o grupos políticos herejes, se debe en parte, a los influjos de la ideología enemiga,; en parte, también, sin embargo, a las experiencias propias del proletariado, en el sentido de que con el uso de la violencia,  dentro de las formas tradicionales de lucha de clases, no ha podido vencer al enemigo, corriendo el riesgo de perder incluso lo conseguido en su status social.

(…)

 

Suponiendo que los comandos surgidos en la primera fase sigan una política justa, las masas comprenderán rápidamente el papel de la acción armada como medio eficaz de asegurar sus intereses. Esta conciencia se desarrollara únicamente en el transcurso de la lucha y a través de la lucha. En la medida  en que se vaya generalizando la comprensión de la necesidad de la lucha armada, se irán formando cada vez mas células militares; el conjunto de todas ellas representara ya para el enemigo un tejido impenetrable, irán reuniendo mas y mas experiencias operacionales y tácticas en la lucha contra las fuerzas represivas, traduciéndolas luego escalonadamente en la práctica.

La solidaridad necesaria de las masas trabajadoras en todo este proceso es la palanca más poderosa para lograr una paulatina desmoralización de los mercenarios enemigos. Cada vez se dejaran movilizar en menor número para la labor de represión estatal. Todos aquellos que ven en la profesión de policía o de soldado un trabajo cómodo, irán comprendiendo poco a poco los riesgos que comportan esas profesiones en las circunstancias actuales. Cada vez las fuerzas de represión se irán aislando más en el curso de este proceso.

Todavía de forma más rápida se irá esfumando la moral de las instituciones de la <<represión en serie>>, en las oficinas de la Administración, si por doquier se llama a rendir cuentas de sus actos a los rutineros anónimos, cobardes, sin sangre ni imaginación, encargados de la represión administrativa. La guerrilla actuara, en este punto, conforme a la máxima: <<¡Castiga a uno y educaras a cientos!>>. La dominación de la clase propietaria, la violencia represiva estatal se funda en la docilidad de los oprimidos que ocupan los puestos de transmisión del aparato represivo.  Y esta docilidad se basa, a su vez, en el miedo de aquellos que se han decidido por una carrera profesional dentro de ese aparato.

La dominación del capital es impensable sin todo ese ejército de <<cagados>>, que compensan su propia inferioridad mediante el sadismo con que tratan a la <<gente humilde>>. Las fuerzas revolucionarias proclaman la responsabilidad personal en que cae toda esta gente en caso de acciones enemigas  del pueblo, en toda traición que se haga a los intereses de la población trabajadora. Hay que irles exigiendo cuentas, con golpes certeros y graduales, para que paguen sus crímenes. Su cobardía se convierte así en una palanca que causa aceleradamente la caída del poder enemigo. La guerrilla no dejara en paz a los beneméritos sociales que aterrorizan a la juventud proletaria con sus internados <<educativos>>; no dejara tranquilos a los maestros que sostienen el funcionamiento de la fabrica formativa, autoritaria y enemiga del pueblo, de las escuelas; no dejara descansar a gusto a los jueces que concedan a los propietarios de casas el derecho a alquileres usurarios y al desalojo de sus inquilinos y confirmen los despidos de obreros; no se olvidara de los fiscales que acusen a los proletarios porque han tomado de nuevo una parte de aquello que anteriormente le había arrebatado el capital. (…)

 El terror revolucionario apunta exclusivamente a los exponentes del sistema de explotación vigente y a los funcionarios del aparato de represión, a los jefes civiles y militares y cabecillas de la contrarrevolución. La concepción de que la opresión no depende del humor de los que ostentan las mascaras del sistema capitalista, sino de las mismas leyes que presiden esta formación social es verdadera, si, pero solo representa una verdad a medias.

Este sistema se encarna en personas, hace de estas sus órganos, dichas personas se identifican incluso personalmente con su función en el aparato represivo, convirtiéndose así en enemigos del pueblo.

(…)

La autoridad de generaciones más antiguas tenía en otros tiempos su base, tanto racional como también material, en la superioridad de saber y experiencia de los mayores, en el campo tecnológico, sociotécnico y científico. Hoy día, por obra del enorme ritmo de aceleramiento de las transformaciones radicales que tienen lugar permanentemente en todos estos campos, los viejos son mas bien representantes de un saber ya superado y de experiencias que han quedado anticuadas, así como formas de comportamiento en la actualidad perfectamente inservibles (descalificadas por el <<desgaste moral>> sufrido por el saber y las capacidades humanas). La pretensión de autoridad que se basa en aquellos factores tradicionales es bastante irracional –incluso desde un punto de vista de racionalidad orientada a las ganancias- o sea, que carece de un fuerte fundamento, y no representa más que un aspecto de inercia social que ha entrado en contradicción con el proceso de acumulación capitalista determinado por el principio de la libre competencia. La pretensión de autoridad por parte de los mayores no es, en esta situación, más que un arma para defensa de sus intereses materiales con respecto a los de los más jóvenes. (…)

Condición necesaria de la dominación del capital es el privilegio de formación de que goza una minoría, unida socialmente a las clases poseedoras. La explosión continua de necesitar trabajadores intelectuales es algo que va liquidando el privilegio de estudiar que tenia una minoría (…)

Los giros radicales de la tecnología y el peso del alud de la nueva ciencia dejan rápidamente anticuado el saber adquirido, y sin utilización posible. La formación deberá girar por lo tanto sobre un estudio fundamental interfacultativo del mayor espectro posible y sobre un entrenamiento intelectual con vistas a una actitud crítica en el aprendizaje,  a una capacidad de aprendizaje que sea flexible y multilateral y a un desenvolvimiento de la propia iniciativa creadora. El resultado de un plan de formación de este género seria un mayor racionalismo critico, cosa que, poco a poco, llevaría a los así formados a un conflicto con la articulación autoritaria-jerárquica de la sociedad y con las puras motivaciones lucrativas del proceso de valoración del capital (que no significan más que un irracionalismo extremo, si se tienen en cuenta los auténticos intereses sociales). Esta contradicción es inmanente al núcleo de intereses en que se basa la dominación de la clase poseedora. No siendo, por ello, posible su superación dentro del mismo sistema capitalista.

(…)

Si bien –que quede claro- radica en los propios intereses capitalistas el mantener todo el tiempo posible las formas veladas de dominación de clase; pues en estas pueden ser canalizadas mas energías combativas del proletariado, integradas en el sistema capitalista o desviadas hacia reformas sostenedoras del sistema, que en el caso de una dictadura fascista, la cual produce necesariamente una reacción más fuerte,  trae con más claridad a la conciencia de la gente la irreconciabilidad del antagonismo de clases y agota con el tiempo las reservas de poder del sistema la dictadura terrorista es –aunque finalmente sea inevitable- algo altamente desagradable para los intereses capitalistas, no es más que un <<frenazo de urgencia>>.

La dictadura señala a cada momento una situación de agudización de la lucha de clases desde abajo, situación caracterizada por los esfuerzos brutales del capital por mantenerse en el poder. ¿Es esto malo? ¿Se debe uno desalentar ante esta evolución de los acontecimientos y romper en quejas?

Si el enemigo tiene que poner en juego todas sus fuerzas para mantener bien abajo a las clases oprimidas, esto no es nada malo, al contrario, está bien así; es una señal de que el proletariado a asestado potentes golpes a su enemigo de clase, que le hace temblar. El fascismo es un gran mal, el mayor de los males capitalistas. Pero el miedo al fascismo es ya parte integrante del dominio del mismo. El proletariado no le debe temer, sino combatir, debe prepararse así mismo para esa lucha.

(…)”

 

El moderno estado capitalista y la estrategia de la lucha armada – Grupo Baader-Meinhof (Rote Armee Fraktion)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Badirudi Batasuna-Sortu-ren buruek beren inora ezeko bidaiaren helmugarantz iristen ari direla, duela urte pare bat arte defendatzen zuten guztiari muzin eginez ( ala beharbada lehenagotik zetorren zerbait da?). Azken irteera, EPPK-ko (nahiz eta tirabirak izan, orain beren esku dagoena) euskal preso politikoei legalitate espainiarrari men egitea “gomendatzea” (beraiek egin duten eran), AMNISTIA alde batera utziz. Argi dago otegistek lotsa guztia galdu dutela beren egitasmoak ezkutatzeko: me esta usted hablando del pleistoceno

Baina hemen ez da ezer aldatu, Euskal Herri Langileak ez du boterea eskuratu, burgesia ez da uzkailia izan, inperialismoa ez da puskatu, eta guk ez dugu zertan saldu hauei jaramon egin

Ez dago edabe miragarririk, badakigu zer egin behar den, eta guk geuk egiten ez badugu,  ez du inork egingo. EUTSI GOGOR iraultzaileok!

 

 

 

 

 

 

 

PD: Azken egunetan gertatu diren agerraldi xenofoboen harira: 

Que no me hablen de la culpa de los inmigrantes en la situación de crisis actual – Erlantz Cantabrana Berrio

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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