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En las últimas décadas, la contradicción entre la Naturaleza y el modo de producción capitalista, se ha exacerbado hasta el límite. Ello se debe, fundamentalmente, al desarrollo que han experimentado las fuerzas productivas desde comienzos de la década de los cincuenta del pasado siglo, que sólo ha sido interrumpido por la crisis de 1975-85. De esta manera, el sistema capitalista mundial ha venido profundizando y agudizado las propias contradicciones que genera, creando las condiciones objetivas que permitirán su eliminación, cavando así su propia tumba.

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 Algunos de estos grandes proyectos tienen un carácter nacional ya que afectan, simultáneamente, a varios de los territorios vascos (Tren de Alta Velocidad, autopista Eibar-Gasteiz, autovía transpirenaica, eje Beasain-Durango, etc.); otros son de incidencia territorial, ya que afectan a uno u otro de los herrialdes. Así, por ejemplo, en Araba, la central de ciclo combinado de Lantaron, los proyectos urbanísticos de Lagran y de Artziniega, los parques eólicos de las sierras y montes de Arkamo, Iturrieta y Cruz de Alda-Arlaba, etc.; en Bizkaia, la incineradora de Zabalgarbi, la refinería de Petronor y el proyecto de planta de coke en Muskiz, las plantas de regasificación y de ciclo combinado Bahía de Bizkaia en Zierbena, la Variante Sur Metropolitana (Supersur), la central eólica de Ganekogorta, los campos de golf de Artxanda y de la Arboleda, así como la central térmica de Boroa; en Gipuzkoa, las plantas incineradoras de Zubieta y Txingudi, el vertedero de San Marcos, la central térmica de Pasaia, la ampliación del aeropuerto de Hondarribia, el corredor intermodal y el superpuerto de Pasaia, la acería GSB de Azkoitia, etc.; en Nafarroa, el embalse de Itoitz y el canal de Navarra, los parques eólicos de Gerinda, Erreniaga e Izko, la incineración de residuos en Cementos Porland, el Polígono de Tiro de las Bardenas, etc. (1). Unos proyectos ya se han realizado y están en funcionamiento, aunque otros todavía se encuentran en fase de construcción.

 Indudablemente, la mayoría de ellos responde a la concepción desarrollista-productivista, propia de las burguesía vasca y española, que únicamente piensan en la obtención de beneficios rápidos, al menor coste económico posible, sin tener en cuenta nada más. Una actitud, por cierto, muy asumida por el PNV y sus socios de gobierno. En general, los mayores beneficiarios de esos macroproyectos son las grandes empresas constructoras, o fabricantes de equipos, que son las que firman los suculentos contratos y reciben las concesiones para la construcción y/o explotación. Sin embargo, los perjudicados suelen ser los vecinos y vecinas de las poblaciones afectadas por las obras, con la consiguiente destrucción del entorno natural, el riesgo de explosión o incendio, las emisiones contaminantes, etc., etc.

(…)

Tampoco debemos considerar estas agresiones contra nuestro entorno natural como unos hechos aislados, limitados al marco de Euskal Herria, sino que en realidad forman parte de un proceso global de degradación del medio ambiente, de “terricidio”, que está llevando a todo el planeta al borde de la aniquilación.

(…)

El 11 de Diciembre de 1997, los países más industrializados firmaron el Protocolo de Kyoto, mediante el que se comprometían a reducir en un 5%, para el 2012, la emisión de los gases que provocaban el calentamiento global. Pero ese objetivo era de conjunto ya que cada país cuenta con su propio porcentaje (cuota) de emisión, que debe ir reduciendo. Sin embargo, la irracionalidad del capitalismo llega a tal extremo que ha descubierto otra “oportunidad” de negocio con el comercio de compraventa de “derechos de emisión”, mediante el cual, los países capitalistas más industrializados y las empresas multinacionales compran (como siempre) a los países dependientes del Tercer Mundo, por tanto menos industrializados, su correspondiente cota de emisión de gases contaminantes, para seguir manteniendo ellos unos márgenes de maniobra y poder seguir envenenando la atmósfera libremente, sin necesidad de verse obligados a reducir su producción o a  efectuar unos gastos correctores que les resultan poco rentables.

(…)

 Todo esto no hace sino confirmarnos que el capitalismo, lanzado a una carrera desenfrenada en pos de la obtención de cada vez mayores beneficios, está destruyendo el planeta a una velocidad de vértigo. Estamos viviendo una auténtica crisis ecológica, de la que no podremos salir con soluciones individuales o locales, con “parches”, como propugnan algunos grupos y colectivos ecologistas (reduciendo el consumo, empleando envases biodegradables, reciclando en mayor medida los residuos, logrando la aprobación de alguna ley “proteccionista”, etc.) que se han convertido en verdaderos cómplices de los depredadores. Sin estar en contra de las pequeñas medidas que podemos poner en práctica cada día, sin rechazar las soluciones parciales, debemos ir al fondo de la cuestión, no podemos “andarnos por las ramas”, sino que debemos abordar la raíz del problema. No podremos frenar el proceso de destrucción sistemática de nuestro planeta, si no   acabamos con el sistema social y económico que lo está provocando.

(…)

El movimiento ecologista.

 * El ecologismo reaccionario(ecofascismo). Su base ideológica es el naturalismo integrista, desarrollado por el biólogo y filósofo alemán Ernst Haeckel (1834-1919), que acuñó el término “ecología” y al que se considera como el fundador de la Ecología como disciplina académica. Fué defensor de las teorías evolucionistas de Darwin, a partir de las cuales desarrolló un enfoque organicista y biologicista del mundo, que anteponía el ser vivo (en general) al ser humano y que priorizaba el biocentrismo sobre el antropocentrismo. Haeckel elaboró una teoría “social-darwinista” que preconizaba el “regreso a la naturaleza” y la construcción de un “orden social natural”, basado en las eternas leyes naturales, para lograr el cual defendía la eugenesia y la pena de muerte como medios de selección natural. Las teorías de Haeckel encontraron adeptos en los ideólogos del nazismo, como el racista George Vacher de Lapouge (1854-1936).

 Las teorías de Haeckel han influído en toda una serie de ecólogos en el mundo académico, que se prolonga desde finales del siglo XIX hasta hoy día. Sus planteamientos también han tenido influencia en la formación de algunas corrientes filosóficas, como el vitalismo, que alcanzó cierta importancia hacia mediados del siglo XX, desarrollado por Henri Bergson (1859-1941). En el campo de la geografía, las posiciones de Haeckel encontraron una prolongación en la llamada biogeografía de su alumno Friedrich Ratzel (1844-1904) creador del concepto de “espacio vital” (Lebensraum), que posteriormente serviría de argumento a los ideólogos del nazismo. En el III Reich, el fascismo y el antisemitismo, se compaginaron con la mística naturalista. En el movimiento ecologista de nuestros días, también se pueden encontrar algunos elementos ideológicos del naturalismo integrista.

* El ecologismo burgués(capitalismo verde). En este sector se incluyen aquellos grupos, muy numerosos, que defienden la compatibilidad del medio ambiente con el modo de producción capitalista, y que éste se puede regular para no destruir la naturaleza. Algunos proponen (holoeconomistas) que se cuantifique el valor de los daños ocasionados por las empresas a la naturaleza, así como el coste económico de las medidas que se podrían implantar para evitarlo. Son partidarios de imponer tasas a las empresas contaminantes, según el criterio de que “quien contamina paga”, con objeto de presionarlas para que adopten medidas correctoras anticontaminantes. En este sector, también se incluyen:

 El ecologismo liberal. Considera que el medio ambiente es un elemento más del mercado y que, por tanto, puede ser objeto de compra-venta, como ocurre con los “derechos de emisión” a los que ya nos hemos referido más arriba.

El conservacionismo. Es partidario de crear espacios naturales protegidos, que por sus características ecológicas (biodiversidad) es preciso conservar. De esta forma, pretenden delimitar zonas en las que no se permita la actividad humana. Serían como auténticos “paraísos”, como “islas verdes” rodeadas por un océano en el que la producción capitalista se desarrollaría sin freno alguno. Los conservacionistas no tienen en cuenta que los ecosistemas no están aislados unos de otros y también respecto al medio circundante, sino que entre todos ellos, así como entre ellos y el sistema en el que se desarrollan, existe una interacción, una relación dialéctica de mutua interdependencia. En la Naturaleza, nada permanece aislado. Todo influye sobre todo. Por tanto, no caben soluciones parciales. El problema es global.

 * Ecologismo reformista(ambientalistas). También sostienen que la defensa del medio ambiente no es incompatible con el capitalismo, aunque son partidarios de adoptar medidas de mayor calado, de llevar a cabo acciones más profundas. En este sector se agrupan muchas ONGs y también los partidos verdes. Muchos de sus miembros proceden de la pequeña y media burguesía, así como de profesiones liberales.

 Algunas de las ONGs (Greenpeace, WWF, Amigos de la Tierra, etc.) (*)están organizadas a nivel internacional y cuentan con decenas de millares de miembros, aunque su activismo se ha ido haciendo cada vez más elitista y sus campañas de denuncias más costosas. Debido a esto, la inmensa mayoría de sus miembros ha pasado a una posición de apoyo pasivo (pagar una cuota, recibir alguna publicación y como mucho, participar ocasionalmente en algún acto). Con objeto de recabar fondos para sus campañas, algunas ONGs no han tenido reparos en recibir ayudas de grandes empresas o de los propios Estados capitalistas.

 Es significativo el caso de WWF (Fondo Internacional de la Vida Salvaje), creado el 23 de Noviembre de 1961, que contó como Presidente de su primer Comité Nacional en el Reino Unido, nada menos que con el Duque de Edimburgo, y entre cuyos socios protectores se encuentran el Maharajá de Boroda y el Aga Kan. En 1970, WWF lanzó una campaña para recabar fondos (The 1001), con la que obtuvo un fondo de 10 millones de dólares, mediante aportaciones de 1001 socios, que contribuyeron con 10.000 dólares cada uno (7). ¡Un movimiento auténticamente popular!

 * Ecologismo libertario(ético-místico). En este sector se puede agrupar un heterogéneo conglomerado de corrientes. En general, no tienen en cuenta la relación del modo de producción capitalista con la destrucción del medio ambiente y tampoco consideran necesario acabar con el capitalismo para defender la naturaleza. Las corrientes más importantes son:

Los animalistas. En vez de adoptar una postura global, defienden a los animales de forma particular. Pertenecen a esta corriente los colectivos antitaurinos, antipeleteros, los contrarios al empleo de animales para la experimentación en laboratorios, etc.

 Los veganistas. Muchas veces relacionados con el animalismo. Se oponen al consumo de alimentos de origen animal (carne, pescado, etc) y en algunos casos también se oponen a la utilización de cualquier producto de origen animal (lana, cuero, etc). Algunos veganistas son partidarios de la teoría de la “eficiencia alimentaria” que defiende comer sólo productos primarios, ya que los animales comen vegetales u otros animales (que, a su vez se alimentan de vegetales) y en toda esa cadena trófica se está dando un proceso de degradación de la energía.

 Los primitivistas. Al igual que hicieran los “ludistas” en los comienzos del movimiento obrero, atribuyen la destrucción del medio ambiente a la civilización y al progreso técnico (en abstracto) y propugnan la utilización de “medios no tecnológicos” para la explotación racional de la naturaleza.

(…)

 Otras veces nos dicen que como el problema de la destrucción medioambiental, del cambio climático, etc., es “de todos”, debemos unirnos “todos los seres humanos”, sin establecer distinción alguna entre explotados y explotadores. En otros casos, han caído en el individualismo más descarado, propugnando soluciones y salidas personales, a una situación de crisis global. O nos hablan del retorno a una sociedad idílica, sin tecnología, a una nueva Arcadia, a un paraíso de felicidad. Pero, en el movimiento ecologista también hay grupos y colectivos, hombres y mujeres, que tratan de profundizar en las verdaderas causas de la destrucción de la naturaleza. Esto ocurre porque en el movimiento ecologista también se reflejan las contradicciones de clase que se dan en la sociedad.

 (…)

 2ª.- Por otra parte, Engels, en una carta a W. Borgius ( d)  incluía entre las relaciones económicas, que forman parte de las condiciones de producción, a “la base geográfica”, (territorio) y también al “medio ambiente” (entorno natural), con lo que también resulta evidente que la lucha por defender la naturaleza y el medio ambiente frente a las agresiones que sufre como consecuencia de la irracionalidad del modelo de acumulación capitalista, va íntimamente unida a la lucha por la conquista de unas nuevas condiciones de producción.

 Pero, además, también hay otros factores que inciden en la misma dirección, es decir que favorecen la aparición de un ecologismo revolucionario:

a) La constatación empírica de que es el capitalismo (y no el ser humano, en abstracto) quien está destruyendo la naturaleza, como hemos expuesto más arriba.

 b) La experiencia histórica de cómo en el socialismo será posible desarrollar una nueva racionalidad ecológica, tal como ocurrió en China durante la revolución cultural (1966-75), aunque posteriormente esa experiencia fracasase.

 c) El desarrollo de las bases teóricas para una concepción dialéctica de la naturaleza y de los seres vivos. En este sentido, debemos destacar la notable aportación de los antropólogos y biólogos norteamericanos Stephen Jay Gould (1941-2002) y Niles Eldredge (1943- ), con su “Teoría de los desarrollos puntuales” (1972), también llamada “Teoría del desarrollo por equilibrios intermitentes”, que superó la concepción evolucionista de Darwin, al introducir la idea del desarrollo dialéctico (por saltos). En el mismo sentido, inciden las críticas de Richard Levins, Richard Lewontin y Stephen Jay Gould contra el determinismo biológico (genético).

 d) La refutación teórica de algunos tópicos del ecologismo burgués y reformista sobre el pretendido carácter “desarrollista” y “productivista” del marxismo. En este campo, hay que destacar la importante aportación del profesor de la universidad de Oregón, John Bellamy Foster, autor de un exhaustivo trabajo de investigación que ha sacado a la luz algunas de las posiciones de Marx sobre cuestiones ecológicas, que estaban dispersas a lo largo de su ingente obra.”

 

 

Ecologia y capitalismo – Santi Ramirez

 

 

(*): Las ONG: Espejismo humanitario y válvula de escape para la sociedad capitalista

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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