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En el mundo actual se está desarrollando una lucha entre la ideología del proletariado, que habiendo asumido los errores cometidos en el pasado ha fortalecido la filosofía del marxismo y está dispuesta a pasar una vez más a la acción y los nuevos reformistas que luchan por evitar el parto de la nueva oleada revolucionaria. Este libro desenmascara la verdadera esencia de estos nuevos oportunistas, que pretenden un cambio radical sin alterar el capitalismo ni la propiedad privada.

(…)

La base teórica y política de ese socialismo estaría en el pensamiento de varios patriotas latinoamericanos que encabezaron las luchas independentistas y en el de algunos revolucionarios de nuestros días. Los primeros, en su gran mayoría, son personajes liberal burgueses, de los que resulta imposible extraer una doctrina socialista, ya sea porque no la profesaron o porque algunos de ellos históricamente no pudieron concebirla. Buscar en el pensamiento liberal y republicano de inicios del siglo XIX la base ideológica de este “nuevo socialismo” no solo es un absurdo, sobretodo oculta la intención de negar la validez y vigencia universal del marxismo leninismo, como doctrina científica revolucionaria de la clase obrera para la lucha por su emancipación social y la construcción del socialismo. De esa manera se hace el coro a la campaña burguesa que, desde hace muchos años, ha querido enterrar al marxismo leninismo, justamente por el riesgo que para la dominación burguesa significa.

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El marxismo reivindica la instauración del Estado de dictadura del proletariado, como instrumento obligatorio de la clase obrera para la construcción del socialismo, para prevenir e impedir las acciones restauracionistas que llevará adelante la burguesía nativa e internacional. Dicha forma estatal genera pavor entre los explotadores que en lo más refinado de su crítica condenan al “verticalismo sociopolítico”. La dictadura del proletariado es un régimen de plena democracia para las masas y control y represión a las antiguas clases explotadoras; ésta se levanta en los principios del centralismo democrático, al que “Engels no concibe en modo alguno (…) en el sentido burocrático con que emplean este concepto los ideólogos burgueses y pequeñoburgueses, incluyendo entre éstos a los anarquistas. Para Engels, el centralismo no excluye, ni mucho menos, esa amplia autonomía local que, teniendo en cuenta que las ‘Comunas’ y las regiones defienden voluntariamente la unidad del Estado, elimina en absoluto todo burocratismo y todo ‘mando’ desde arriba”.[ Lenin, V. I. El Estado y la Revolución.]

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No es posible construir el socialismo si se mantiene el fundamento económico del capitalismo: la propiedad privada sobre los medios de producción. El socialismo es tal únicamente a condición de establecer la propiedad social sobre los medios de producción, expresada en la propiedad socialista estatal y la propiedad socialista cooperativa. Esa forma de organización de la economía requiere de un Estado cualitativamente diferente al actual.

No puede haber construcción del socialismo si la propiedad privada sobre los medios de producción no es sustituida por la propiedad social y si no se suprime toda forma de explotación del hombre por el hombre. Pero hay que advertir que -a diferencia de formaciones económicas pre capitalistas, en las que el nuevo tipo de economía va madurando en las entrañas del modo de producción anterior-, la economía socialista no puede surgir en las entrañas de la sociedad burguesa, por lo que la vía revolucionaria es la única que conduce al socialismo, y esa vía es la de expropiar a los expropiadores, como señalaba Carlos Marx.

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En ese “socialismo” el papel de la empresa privada estaría condicionado, ni más ni menos, que por la eficiencia, por “la capacidad de administración. Si un ente administra adecuadamente un bien -sostiene Dieterich- no tienes realmente motivo para quitarle la propiedad o posesión, si abusa es otro asunto. Yo asumiría una visión funcional”. Vaya socialismo este, en el que los explotadores, los responsables de las miserables condiciones de vida de los trabajadores y los pueblos se convierten en redentores, gracias a su capacidad de gestión administrativa, olvidando las infranqueables barreras de clase que ubican en posiciones contrapuestas a la clase obrera y clases trabajadoras, por un lado, y la burguesía y el imperialismo, en otro.

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Con ese concepto se daría al Estado la connotación de un órgano de conciliación de clases, mientras los marxistas sostenemos que aquel es un órgano de dominación de clase. “Que el Estado es un órgano de dominación de una determinada clase, la cual no puede conciliarse con su antípoda (con la clase contrapuesta a ella), es algo que la democracia pequeñoburguesa no podrá jamás comprender”, sostiene Lenin en El Estado y la Revolución

(…)

Desde los albores del marxismo hubo que combatir a corrientes antimarxistas y seudo revolucionarias actuantes en el movimiento obrero, que trabajaban para llevar al movimiento revolucionario a posiciones funcionales al capitalismo. Las teorizaciones del socialismo del siglo XXI no se diferencian de ellas en sus objetivos ideológico-políticos, son una nueva versión del pensamiento burgués socialdemócrata, que busca crear un movimiento aparentemente socialista y anticapitalista, pero en los hechos no hace otra cosa que apuntalar al sistema.

(…)

¿De qué clase de socialismo se habla, si se mantiene la propiedad privada sobre los medios de producción? Lo medular no está en cómo se intercambian los productos, sino cómo se producen, es decir, bajo qué tipo de relaciones sociales de producción. En el marco del sistema capitalista no es posible eliminar la plusvalía (fuente de acumulación capitalista), por lo tanto ¿Cómo pretende Dieterich establecer un sistema de equivalencias, respetando la plusvalía? Las utilidades de la burguesía no desaparecen estableciendo un sistema de intercambio equivalente, sino eliminando la propiedad privada sobre los medios de producción.

El la propuesta del Socialismo del Siglo XXI no encontramos ninguna rigurosidad científica como pretenden sus autores, es, por el contrario una especulación teórica antimarxista elaborada por representantes políticos de la burguesía, que tienen el interés de confundir a la clase obrera y a los pueblos, frente al despertar que en ellos surge por conquistar el socialismo.”

 

 Socialismo del Siglo XXI, Nueva teorización de viejas ideas antimarxistas – Alejandro Ríos

 

 

 

 

“Legaltasunarekiko fetixismoa klaseen arteko kolaborazioaren aldeko sozialismoaren ezaugarri bereizgarrietako bat izan zen eta izaten jarraitzen du. Horrek, pribilegiatuekin gatazkan sartu gabe, erregimen kapitalista eraldatzearen aukera berekin agertzen du. Baina hori, politikoen mentalitatearekin bateragarria ez den zintzotasunaren zantzua baino, buruzagien ustelkeriarena da. Instalatuak dauden gizarte baten aurka borrokatzen dutelaren itxura eginez,  joko arauei begirunea izatea gomendatzen dute. Langile klaseak ezin du legaltasun burgesa errespetatu, ez bada Estatuaren benetako eginkizuna ulertzen ez duela, demokraziaren izaera iruzurtia; hitz gutxitan, klase borrokaren oinarrizko printzipioak.”

 

Lo que todo revolucionario debe saber sobre la represion (euskaratua) – Victor Serge

 

 

 

 

Erreformistak herriaren etsaiak!

Otegistak SALDUAK!

 

 

 

 

 

BAKE FALTSUARI GERRA!

 

 

 

 

 

GUDARI EGUNA 2012 – 27 de septiembre 1975

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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